Casas entre polvo y lluvia

Casas entre polvo, sabrina

La calle es de tierra. Los banderines la cruzan de casa en casa en todo su largo. En el centro una carpa blanca, abierta, las sillas revestidas de rojo mirando hacia una mesa larga y vacía. Algunas personas están sentadas bajo esa sombra, insuficiente a esa hora, las 10 de la mañana.

Alrededor las calles también son de tierra. Se alejan pocas cuadras. Una cancha de fútbol, otra de beisbol, un Mercalito Comunal, ranchos de barro, carros estacionados, el punto de venta de gas, y la ruta. De ahí en más campos, árboles, verdes que se suceden, algunas garzas blancas, y arrendajos con su cuerpo negro y amarillo. Luego la distancia que se abre y no parece cerrarse. El caserío es un puñado de vida sobre el llano, lo inmenso.

Un día para celebrar
Las 22 casas que van a ser inauguradas fueron construidas por la comunidad: beneficiarios y beneficiarias, el consejo comunal de la comunidad El Cruce, y albañiles. Algo más de un año de trabajo colectivo. No son las primeras. Llevan 60 así edificadas, de a muchos, haciendo más de lo previsto: cuando tuvieron una inversión para 5 hicieron 6, para 30, 32, y ahora 22 con las 20 proyectadas inicialmente.

Las viviendas están decoradas con globos, corazones tricolores, la firma de Hugo Chávez en la fachada, cintas anchas a la espera de ser cortadas. Las paredes son blancas, los techos de chapa roja. Adentro todavía reina el silencio, afuera, un movimiento creciente. Por primera vez un ministro visitará El Cruce. Ya todo parece listo: la música, las frutas, los oradores, la celebración de lo propio.

Detrás de escena
Las casas miden un aproximado de 70 metros cuadrados. Se entra desde la calle principal donde se encuentra la carpa. A las 11h, cuando falta poco para que comience el acto oficial, las hermanas Álvarez, Nelly y Rosmary, se peinan, secan el pelo, maquillan. Están sentadas en el pasillo que queda entre el fondo de la nueva casa y el antiguo rancho, que pronto será desarmado.

Ambas van a mudarse en unas horas. Nelly vivía con su esposo y sus dos hijos junto a su madre. Su rancho se había derrumbado con una tormenta del año 2009. Rosmary lo hacía junto a su marido, dos hijos, entre paredes de caña, barro y chapa. Pequeño, todo demasiado pequeño. Salvo la voluntad. “Los cimientos los hemos construido nosotras junto a los demás beneficiarios. Recién ahí comenzaron los albañiles. No dejamos de trabajar hasta el día de hoy, y cada viernes nos reunimos entre todos los beneficiarios”.

Números luego de 3 años
Un rancho es el miedo a la lluvia, las paredes secas que se descascaran con el viento, el calor que sube, la humedad que sube, el piso de tierra mojada o seco de polvo; “es fuerte y triste”, dice Nelly. Por eso la revolución bolivariana puso en marcha la Gran Misión Vivienda Venezuela. Por eso, para que los días sean días y las noches, noches.

Han pasado 3 años desde entonces. Se han entregado 584.747 viviendas en todo el país. 218.295 están en proceso de ejecución. Hoy, además de las 22 casas, se están entregando otras 265 en Portuguesa, el estado donde se encuentra El Cruce. Cada una de ellas significa el fin de un rancho, de un refugio, del hacinamiento, de ventanas hechas de cortinas, de baños de chapa en el patio, de duchas con tobo. Significa la sonrisa de las hermanas Álvarez con el pelo listo, el cartel con su nombre agarrado a la franela roja, las palabras a punto de ser dichas.

El acto esperado
Al llegar Reinaldo Iturriza, ministro del Poder Popular para las Comunas y Movimientos Sociales, todas las sillas están ocupadas. Aquellos que no pudieron ocupar un lugar bajo la carpa se encuentran bajo los aleros y entradas de las casas, allí donde todavía queda sombra. Son las 12h y en el llano el calor no deja de crecer. Solo las libélulas se mueven livianas, verdes, celestes, a la altura de las manos.

Tres voceros toman la palabra (Isaac Rieras, vuelto a ser elegido por el consejo comunal en las elecciones del pasado domingo, Nelly, beneficiaria, constructora, y Cristina Lujano, con el brazalete tricolor en el brazo izquierdo, a cargo de la unidad de finanza), y, el debate se abre. Se ha hecho mucho pero falta, siempre. Para el caserío El Cruce: 80 viviendas para que no queden ranchos. Para las demás comunidades que se acercaron al acto también. Y para los trabajadores y trabajadoras del ministerio también. “Sin organización popular no se va a lograr nada”, explica Iturriza. La asamblea dura varias horas. Alrededor se encuentra el llano sembrado de arroz, maíz, horizonte.

Siempre continuando
Diego tiene un pantalón arremangado, unas alpargatas negras bordadas de rojo, 11 años. Jennifer lleva puesta una pollera larga, amarilla, que arrastra la tierra. Sus pies – que se ven cuando levante la tela con sus brazos para girar- están descalzos. Tiene 12 años. El polvo se levanta con el zapateo que acelera. Bailan joropo, luego tambor, luego todos aplauden, ellos también, avergonzados, como dos libélulas.

Antes de finalizar, la comunidad hace entrega de distinciones a sus héroes: constructoras, voluntarios, voceros. Finalmente el ministro recorre la comunidad, las viviendas nuevas, los ranchos, entra y sale. Allí encuentra necesidades, propuestas, una comuna en construcción. Encuentra ese mismo pueblo que cada semana inaugura sus viviendas, hechas colectivamente, obstinadamente, entre el polvo y la lluvia

Foto: Sabrina Porras
07.06.14

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s