Ciudad Caribia, algunas claves de una apuesta necesaria

Ciudad Caribia 1

Ciudad Caribia es un proyecto, una fundación que está siendo. Comenzó cuando en el año 2007 el entonces presidente Hugo Chávez pensó que allí, en esos cerros –donde solo existía viento, tiempo y animales- entre Caracas y La Guaira, se podía poner en pie una nueva ciudad. Continuó -luego del trabajo de obreros, ingenieros, arquitectos-, cuando el 26 de agosto del 2011 se mudaron las primeras 602 familias. Y siguió, periódicamente, con el arribo de nuevos habitantes, hasta llegar a la cifra actual: mil 789 familias.

En ese camino la ciudad se fue haciendo. Fueron instalados el gas, el agua, la luz. Nacieron quioscos en las casas, una orquesta en la escuela, partidos de fútbol por la tarde. De a poco los vecinos fueron poniendo plantas en sus balcones, y las plazas –con sus árboles creciendo- se transformaron en el lugar de encuentro al terminar cada tarde.

La infraestructura fue creciendo a lo largo de sus tres años: espacios como el Mercal, la peluquería, la sucursal del Banco de Venezuela, del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime), la ferretería, la iglesia, el Infocentro, la panadería, el Café Venezuela y la arepera dieron vida a las calles, al cotidiano.

Está previsto que al finalizarse la ciudad, en el 2019, habiten en ella 20 mil familias, un aproximado de 100 mil personas. Para ellos, los que están y vendrán, se edificaron los espacios de salud necesarios -un Centro de Diagnóstico Integral (CDI), tres módulos de Barrio Adentro y un hospital que está en construcción-, de educación (dos escuelas, un simoncito, un liceo) y las instituciones locales de justicia y seguridad: una Casa de Justicia Penal, una Casa Integral de Mediación y Resolución de Conflictos, una Fiscalía y una sede de la Policía Nacional Bolivariana. Una ciudad, desde cero.

Pero Ciudad Caribia fue pensada para ser más que un complejo masivo de viviendas -y si así no lo fuera igual sería mucho en un continente donde millones de personas viven en ranchos, sin los servicios básicos: es una ciudad dentro de un proyecto, un proyecto que también se está haciendo, el de la Revolución Bolivariana. Ciudad Caribia nació con el fin de ser una ciudad socialista, tal vez la primera que será fundada desde su primera piedra hasta la última dentro de esa filosofía política, económica, social y cultural.

Por eso Chávez insistió sobre esto en reiteradas oportunidades: en los programas de Aló Presidente, en el Plan de la Patria y cuando, en su última reunión de gabinete, en cadena nacional, volvió a poner el desafío sobre la mesa, fuerte, crítico: “Seguimos entregando viviendas pero las comunas no se ven en ningún lado, ni el espíritu de la comuna que es mucho más importante en este momento que la misma comuna: la cultura comunal”.

Caribianos y caribianas

Cuando en el 2010 la vaguada derrumbó cerros y casas, 34 mil familias se quedaron sin hogar. El barro se llevó mesas, fotos, camas, neveras, vidas -miles. La situación habitacional del pueblo venezolano se hizo visible de forma dramática. Más de 100 mil personas pasaron a vivir en refugios.

Cuando se decidió quienes serían los primeros habitantes de la nueva ciudad, la urgencia dio la respuesta: los refugiados. Luego también vinieron de barrios en situación de riesgo –el temor al agua en cada lluvia. Arribaron solo con ropa, hijos, deseos de volver a comenzar. Entre ellos estaba Margarita Fórnica. 5 hijos, madre joven y soltera, coordinadora de su refugio en Fuerte Tiuna. Al abrir la puerta se encontró con una lavadora, una nevera, las camas, un departamento listo para ser habitado, para cenar, descansar y continuar.

Lo primero que hubo que abordar fue la convivencia. Conocerse entre los nuevos habitantes –en su mayoría oriundos de tres barrios de Caracas-, construir los códigos comunes, reconocerse entre iguales de una realidad golpeada. “El hecho de que tú vengas de un barrio te enseña a saber vivir, cuáles son los valores, cómo debes convivir con el otro cuando no hay agua, cuando no hay tal servicio. Nos lo enseña el propio barrio, a que eliminemos las cosas malas que el materialismo nos ha inyectado”, explica Margarita al salir de su trabajo en el Liceo Gran Cacique Guaicaipuro. Ya ha recogido a sus hijos de la escuela, espera que comience la reunión de la Mesa de Economía que se hace cada martes en el liceo.

“Tenemos mucho talento entre los jóvenes, y también hay médicos, profesores, maestros, abogados”, agrega. Margarita, vocera del consejo comunal Cacica Urimare, camina las calles de Ciudad Caribia cada día, para organizarla, hacerla. Sabe que “la derecha”, como la nombra, afirma que son ignorantes por venir de los barrios. Pero explica que también hay formas, pensamientos, acciones que es necesario cambiar, que al lado de lo bueno muchas veces se encuentra lo malo. “Sí hay drogas, hay violencia, venimos de barriadas y hay necesidad de cambios de consciencia”.

Como Margarita, muchos saben que existe una campaña mediática destinada a hacer parecer a Ciudad Caribia como una zona inhabitable. Pero sucede otra cosa. “En nueve meses no ha habido ningún enfrentamiento policial, ni portación de armas. El delito que más existe es la violencia de género”, explica el Supervisor en Jefe de la Policía Nacional Bolivariana, Sanín Colmenares, quien también asiste a la reunión de la Mesa los días martes.

Los problemas son entonces más del cotidiano, ligados al machismo, la relación de poder desigual entre el hombre y la mujer, al vivir entre muchos, entre tantos. “No poner la ropa del lado de las ventanas hacia afuera, no poner la basura en los pasillos sino llevarla a los conteiner, lo que es la bulla, equipos de sonido hasta tarde-noche, son muchos puntos que tratar”, contará Carlos Díaz, trabajador de la fábrica de rotomoldeo, miembro del comité de tierra del consejo comunal Cacique Paramaconi. Ciudad Caribia es una ciudad –como todas- hecha de las diferentes realidades populares, superpuestas, contradictorias, en tensión.

Organizarse, de varias maneras

“La primera organización del poder popular fue la vocería por edificio, luego empezamos a conocernos para conformar los consejos comunales”, recuerda Margarita. Ahora son ocho consejos comunales conformados. El primero se organizó en octubre del 2011, dos meses después de la llegada de los primeros habitantes.

Luego continuaron con las Mesas: la de economía, la social, la de salud. Cada una de ellas fue creada para ser un ámbito de confluencia para los habitantes de la comunidad, los espacios de organización, y las diferentes instituciones. Para ser el lugar desde el cual se pudieran construir respuestas, elevar demandas, proyectar colectivamente lo mucho -a veces demasiado- que se debe hacer.

Pero antes de continuar explicando, Margarita aclara: “Los niveles de participación son pocos, no es un secreto para nadie, no es este consejo comunal, sino en todos. De los 64-60 voceros que pueden haber, siempre 10-15 (hasta 20) son los que realmente trabajan, del resto aparecen en el acta constitutiva. Pero no nos podemos acostumbrar a esa IV República donde aparecíamos como burocracia porque estábamos en los papeles pero no haciendo. El trabajo se hace demostrando con hechos”.

Pero a pesar de esos niveles bajos –y así acuerdan muchos- de participación, han logrado poner en pie varios espacios de organización comunitaria. Así en una Mesa Social –que sesiona cada lunes- se debate por ejemplo el funcionamiento del CDI -recientemente nombrado como “El Sueño de Chávez”. Además, se discute cómo conseguir los necesarios tanques de agua, proyectos como el de techado de una de las canchas, y las propuestas del movimiento juvenil que se ha conformado en Ciudad Caribia: JCaribia. Se debate un cotidiano, un incipiente pero ya conformado “nosotros”.

“Hemos tomado la iniciativa de crear un movimiento, y no un movimiento de nombre, porque un movimiento tiene que hacer actividades, tiene que mover masas, y por eso hemos hecho varias actividades”, explica Gabriela Perico en la Mesa Social. Como la Mesa de Economía, se realiza en el Liceo. También a las 4 de la tarde, cuando las nubes –como cada día- bajan hasta las calles de Ciudad Caribia y entran por las ventanas, hasta la misma aula donde se hace la reunión.

“La mayoría de las personas que viven en Ciudad Caribia son jóvenes, todos ellos tienen muchas necesidades, ideas que queremos compartir con todos. Y queremos participar en la construcción de la comuna, en la construcción del poder popular, que se nos tome en cuenta. Los jóvenes somos innovadores, creativos, y podemos aportar para la construcción del socialismo”, agrega Gabriela. El 70% de la población en Ciudad Caribia tiene menos de 25 años. Son los talentos de los cuales habla Margarita. La juventud es una urgencia, una necesidad, una posibilidad. Una estrategia.

Por eso gran parte del trabajo de Radio Ciudad Caribia -105.7 FM- está destinado a la juventud: a que se formen, produzcan, se hagan del protagonismo que pueden tener. “Hacemos programas netamente con la gente de aquí: con los niños de la escuela, con el Simoncito, con trabajadores de las instituciones de acá, la mayoría de los programas son informativos formativos”, cuenta Roberto Zamora, miembro de la radio, que en sus orígenes iba a ser montada en el barrio gramoven, pero por las lluvias y el derrumbe se mudó –junto a él- a Ciudad Caribia.

Roberto, sentado en la mesa redonda de la radio –también participa de la Mesa Económica y de la Social- está acompañado de Albenis Espinoza, joven, incorporada hace pocos meses a la 105.7. “La radio expande un mensaje en la comunidad: que sí se puede, que hay que tener una iniciativa, porque en un día no se hace un socialismo como tal, el socialismo apenas está en pañales, pero sí estamos empezando a hacerlo”, explica ella. E insiste: “La ética, los valores, eso, la ética”.

Trabajar en Ciudad Caribia

“No se puede separar lo social de lo económico. Siempre pongo el ejemplo del agua, H2O, hidrógeno y oxígeno, lo económico y lo social”, explicaba Hugo Chávez en la misma reunión en la cual preguntaba por Ciudad Caribia, por su zona industrial.

Ha pasado más de un año y medio desde entonces. En la actualidad 601 personas tienen su fuente de trabajo en la misma ciudad. Existen varias fábricas y espacios productivos –cuyos trabajadores fueron elegidos en la Mesa de Economía: la de rotomoldeo (produce tanques de agua), una empaquetadora, una cría de tilapias, una textilera, varios patios productivos; y otros espacios en construcción como la fábrica de tubos de pvc.

Pero el balance en la actualidad no satisface a los habitantes. Para evitar que se forme una nueva ciudad dormitorio, es necesario ampliar la capacidad productiva, generar más empleos y lograr un funcionamiento eficiente de las mismas. Y sobre este aspecto la realidad muestra limitaciones. La fábrica de rotomoldeo, por ejemplo, se encuentra parada desde hace varios meses, tensiones que, según varios de los habitantes, responden a dos causas principales.

Carolina Sánchez, trabajadora en la empaquetadora de granos -fábrica que luego de 13 meses de estar parada está volviendo a funcionar, y podría empaquetar 12 mil kilos diarios-, sitúa una parte de la dificultad en las instituciones estatales: “Hay personas que no son apasionadas con esta revolución, entonces todo es un protocolo, hay que esperar”.

Eso mismo –o muy parecido- analiza Margarita: “A veces hay descuido de las instituciones, quienes no asumen el poder que tienen para que estas Empresas de Propiedad Social (EPS) puedan generarse, como punto y círculo, puedan ser sustentables y puedan dar a la comunidad”. Una mala planificación inicial –faltan instalaciones de luz adecuadas, aguas servidas-, un insuficiente acompañamiento luego. Problemas con las instituciones entonces.

Pero existen, según quienes intentan e intentan sin caída de brazos, otra limitación: cierta inexperiencia en el seno del propio pueblo. Es que al igual que el proyecto de Ciudad Caribia, que busca ser más que una “simple” ciudad, las fábricas –y diferentes espacios de trabajo- están pensadas para ser más que fábricas.

“Esto es un socioproductivo para que no sea una empresa capitalista más del país, sino que aprenda a tener los valores de humanidad, social, y que sea para el pueblo, no algo personal, y para el pueblo que sea con el precio justo. A veces muchos no entendemos lo que es. ´Si no me pagas un cesta ticket y un sueldo mínimo yo no te voy´, te dicen. A la gente tienen que darle un curso de sociopolítica para que entiendan qué es un socioproductivo, a base de qué vas a ganar”, explica Carolina. Y así también piensa Margarita. Y muchos.

Tener conocimiento del espacio, de su proyecto, del momento político –“la guerra económica contra el gobierno revolucionario”, explica Carolina- aparece como central para poner en marcha los proyectos ante las adversidades. Para persistir. Una y otra vez, aunque cueste. El resultado sino, ante la falta de respuestas, de materialización de los resultados –de una expectativa a veces en destiempo con la realidad-, es que los ánimos se apagan, la participación decae.

Y esto no es solo en el ámbito productivo. “En la Mesa de Economía planteamos el problema, igual que en la Mesa de Social. Vienen las instituciones, ahí por ejemplo se plantea el problema del transporte, agarran nota, y esto y aquello y vamos a hacer, pero sigue el problema del transporte”, cuenta Carlos. La consecuencia es directa: la participación disminuye. Esa misma que es imprescindible para que Ciudad Caribia avance en su organización, en alcanzar lo que ya algunos conversan en las reuniones: la conformación de una comuna.

¿Hacia la primera comuna?

“Estamos en el debate si hacemos dos comunas, porque hay dos sectores: el sector 1, que comprende cuatro terrazas, y un sector 2 que comprende dos terrazas pero no está totalmente habitable, le falta construcción. Entonces estamos en el debate. Hay unos nombres que se están manejando, 3 nombres, tenemos un poquito de avance”, cuenta Margarita. Esa es la fotografía actual, a tres años de conformada Ciudad Caribia. Tal vez poco –según se quiera mirar- pero enraizado.

¿Dónde están las raíces? En las diferentes Mesas, en la juventud organizada, en la radio, en los trabajadores que no bajan los brazos ante las dificultades, en la búsqueda de resolución colectiva a los asuntos colectivos e individuales, en la obstinación en reunirse y proyectar en conjunto. “Para que haya comuna debe haber un pueblo organizado que la suscite, que la produzca”, escribió recientemente Reinaldo Iturriza, ministro del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales.

La comuna –o las comunas- asoma entonces en las conversaciones. Con deseos, expectativas, así como advertencias. Ricardo, por ejemplo, explica: “Estamos empeñados en difundir el concepto de la organización, el porqué de un consejo comunal, para qué, para luego llegar al concepto de la comuna. Si no nos fortalecemos en lo ideológico el consejo comunal será otra organización más que no va cumplir la función comunal para la cual fue creado”.

El debate se abre paso en las reuniones en el Liceo. Entre las nubes de la tarde. En el análisis de Margarita al referirse al rol de la Autoridad Única, que fue nombrada luego de que Ciudad Caribia, hace pocos meses, fuera declarada Distrito Motor de Desarrollo: “Es una articuladora, no es que va a venir a mandar para acá”. Y cuando Siomara Alfaro –la Autoridad Única- se sienta con cada uno de los consejos comunales, participa de las diferentes Mesas y escucha y reconoce.

Porque la comuna, su posibilidad de ser, ya parece encontrarse en el tejido colectivo cotidiano. De él puede emerger. De Carlos, que explica que los tanques de agua que producirá la fábrica -32 por día- deberán ir a la comunidad, que los necesita, y mucho. Que harán un aporte social de lo ganado con su trabajo.

En cuanto a la participación, se trata –como en cada experiencia- de no ceder, de insistir, poner en marcha nuevas formas. “Ahorita las mesas de trabajo se están haciendo en las instituciones educativas, tenemos que sacarlas para las plazas, hacer sancochos, inventarnos una, vamos a pintar un muro, a desmalezar, a hacer, y ahí la gente empieza con los niveles de participación”, concluye Margarita.

Ciudad Caribia entonces, donde contra el mensaje difundido por los medios de derecha el chavismo ganó todas las elecciones anteriores, donde el desafío de lo nuevo se encuentra planteado con urgencia y posibilidad. El desenlace –que se hace cada día, con los que allí viven, los que llegan en las nuevas entregas de viviendas- no está escrito. Será hecho, rehecho, y su potencia parece encontrarse hoy –y seguramente mañana también- en las manos de Margarita, las voceras, el pueblo que busca, subterráneo, abierto.

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Ciudad Caribia 2

Fotos: Oswaldo González

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