A Diana Esmeralda Teruggi

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A cada quien le dejaste una soledad
exhausta mordida sola
nunca a la medida
nunca abrigada
como si cada uno debiera nacer
con un pequeño invierno
en el lado izquierdo
un campo vacío
que recorrer

quién podía entonces explicármelo
decirme que tu nombre
cargaría la misma proporción
de luz que de sombra
y que en esa sombra
encontraría el ruido más claro del agua

yo solo sabía de una piedra
como rota en la mirada de cada día
lo que había quedado
después del fuego
en el centro
del fuego

por eso entré a tu casa
empujando el viento
puse mañana tras mañana sobre la mesa
y a mi lado tu imagen
como una verdad
entera abierta
alejando el gran caballo de la derrota

y ahora lejos
donde la realidad se parece
a los pedazos de sol que le ponías en la mano
a cada compañero
todavía algunas tardes siento ese invierno
en el lado izquierdo
esa soledad
que se acerca descalza

veo ese campo vacío que he elegido recorrer
la distancia hasta llegar al ruido del agua
donde tu nombre todavía pregunta
y la noche continúa
clara y sin descanso

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