Hij@s de la misma historia

mdp

Son las once de la noche y el cielo de Caracas está limpio como el otoño. A esta hora ya se han redactado centenares de notas de prensa alrededor del mundo para dar a conocer lo sucedido: “Barack Obama ha dado el paso más agresivo, injusto y nefasto que jamás se haya dado desde los Estados Unidos contra Venezuela, tierra sagrada de Bolívar”, como denominó lo sucedido el presidente Nicolás Maduro en su discurso.

Decenas de periódicos no redactarán de esta manera los hechos, se referirán a tensiones diplomáticas, respuestas desde la Casa Blanca ante la agresividad del Gobierno/régimen de Venezuela, continuarán creando el clima necesario para que una opinión pública alrededor del mundo sienta que en este país de Suramérica se vive una injusticia a la que se le debe poner fin desde afuera, desde la democracia y la civilización.

Otros no harán lo mismo, y dirán lo que hay que decir: que el imperialismo norteamericano ha dado un paso que no parece tener retorno, que ha elegido cada una de sus palabras con precisión para anunciar su intención, declarando la “emergencia nacional con respecto a la amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos planteada por la situación en Venezuela”. Y que no se trató de un comunicado, sino de un decreto ley, que planteó la necesidad de “hacer frente a la amenaza”.

Frases sin doble interpretación posible, que suenan a demasiado conocido, y traen imágenes del siglo XX como un galope por la mente, y aparecen entre tantos nombres los de Chile, Panamá, Guatemala, Nicaragua, el Apocalipsis de Solentiname que dejó escrito Julio Cortázar.

A esta hora ya solo se oyen los carros que pasan por la avenida, las pocas cacerolas que intentaron sonar duraron pocos minutos, hace mucho que la derecha en Venezuela ha perdido masividad. Son una minoría quienes todavía protestan, algunas ollas golpeadas en las ventanas, mil personas en las calles, poco o nada, la incapacidad de los dirigentes de oposición es evidente. Y lo es para el Gobierno norteamericano que ha decidido y lo ha anunciado, ya sin voceros secundarios, directamente de la mano de su presidente, que hace mucho que no tiene ninguna diferencia con su antecesor, George Bush. Su política imperialista ha sido la misma, al igual que la de todos los presidentes que se fueron sucediendo desde la fundación del Estado enemigo, del cual Simón Bolívar dijo que plagaría la América de hambre en nombre de la libertad. Y el Libertador no se equivocó, como en tantas cosas.

Los dos proyectos históricos están en estos momentos puestos sobre la mesa y enfrentados. Visto desde este lado del mundo el decreto de ley continúa con lo que hemos conocido una y otra vez. Y eso contra lo cual nos hemos enfrentado ha querido despedazarnos como pueblos, como búsquedas, como hijos de esa misma historia que recorre como un hilo, a veces invisible, la identidad de este continente. Por eso la mirada sombría por unas horas, la certeza del momento histórico, de la etapa que ha sido anunciada desde Washington.

Nicolás Maduro estaba profundamente serio al hablar. Dijo lo que sabemos: “Estamos defendiendo lo más grande que se pueda defender, la tierra sagrada de los libertadores y esta tierra no la puede tocar un gringo insolente”. Desde que ha asumido la presidencia nunca ha cesado el plan golpista que no ha descartado ningún método -ahí están los muertos, nuestros muertos. Este es otro paso más, pase lo que pase, ellos lo intentarán, lo han dicho, no les tembló la palabra, la mirada, están hechos de eso, son eso, el imperialismo, y de nosotros siempre han querido vivir. Todos lo saben, y Maduro anunció que pedirá a la Asamblea Nacional una Ley Habilitante especial y extraordinaria, y llamó a los patriotas a hacer lo que se debe hacer.

Ya no se oye nada, solo las teclas de la computadora, las mismas que no han dejado de sonar veces desde que llegué a Venezuela dos años atrás. Han pasado muchas cosas desde entonces: intentos insurreccionales, victorias electorales, antesalas de Golpe de Estado, francotiradores, una guerra económica quitando remedios y alimentos a millones, que ha buscado desgastar a un pueblo, que, se han dado cuenta, no puede ser quebrado.

Y ha sucedido el cinco de marzo, la partida de quien nos convocó a todos, hablando de nosotros los latinoamericanos, de Simón Bolívar, José Artigas, San Martín, Manuela Sáenz, del proyecto originario traicionado, derrotado pero nunca muerto.

Por eso las palabras declaradas por Obama sonaron desde dentro, desde las raíces de las cuales estamos hechos, la certeza de estar frente al mismo enemigo histórico que anuncia ante el mundo que buscará el crimen. Ante él se encuentran Nicolás Maduro, el bravo pueblo, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, un continente, y desde lejos la fuerza de ese tiempo que, como ahora, quiso ser libre.

Foto: Fernando Castro, Mar del Plata, 2005

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