Día 20. La obligación de escribir

Chávez nuestro

Lo que no escribamos nosotros lo escribirá el enemigo. Los sentidos, conclusiones, análisis de actores, estrategias, por qué cada cosa. Narrar esta época es una obligación. Hacerlo, este es el intento, desde los hechos y sensaciones de cada día que son como un metrónomo: marcan, con el sonido y su ausencia, el pulso que va tejiendo las enseñanzas que dejará este año decisivo. Me refiero a la coyuntura nacional y personal, inseparables para comprender la espesura del tiempo: somos pasión, economía, noticias, amistades, reflexiones interiores, somos política en el sentido más grande de la palabra.

Alguien preguntará mañana: ¿qué pasó en los años de Maduro? ¿Por qué estaban cómo estaban? Y esta revolución, como cada auténtica revolución, tiene una responsabilidad hacia dentro y hacia afuera: las opciones de transformaciones no serán las mismas en América Latina y el mundo con o sin la Venezuela bolivariana.

Una derrota ideológica -que ya nos orina la puerta de la casa- sería el peor escenario.

Sacar conclusiones es entonces imprescindible. No para premios y espacios en periódicos de moda, sino para las organizaciones, los compañeros que tienen a este país como centro de gravedad de lo posible, quienes vendrán dentro de unos años, la militancia que siempre seguirá buscando -anónima, pobre, muchas veces huérfana.

Qué decir y en qué momento es una pregunta permanente que se resuelve en cada texto. Con la responsabilidad política, la lectura de los hechos, la guerra, las enseñanzas de los maestros que uno atesora. Se sabe, siempre es bueno repetirlo, existe plena libertad de prensa en Venezuela. Se puede, dentro del chavismo, compartir o no las estrategias de comunicación, las formas de la propaganda y etc., ese es otro debate. Criticar o no, es una decisión de cada uno. El infantilismo de la crítica permanente debe ser descartado. La obsecuencia hacia la dirección también. Enseñanzas de Hugo Chávez. El equilibrio inestable se resuelve en cada nuevo escrito.

Imaginemos que el protagonista de La extraña derrota -el soldado francés que peleó en la segunda guerra mundial- hubiera sido periodista además de encargado de combustibles. Una noche, como le sucedió, se acuesta a descansar en un pasillo solitario, cuando a su lado tiene lugar en la oscuridad una conversación entre un general y otro hombre. El primero le dice al otro que ve como probable una capitulación francesa. Es entonces 26 de mayo, los enfrentamientos comenzaron 16 días antes. Faltaba un mes para la derrota.

-Y teníamos todavía los medios, sino para salvarnos, al menos para pelear largamente, heroicamente, desesperadamente, escribe.

Lo que escuchó lo llevó como un pesado silencio durante tiempo. No lo contó hasta años después, ni siquiera a sus compañeros. ¿Debería haberlo hecho? ¿Tendría que haber redactado un artículo de opinión, una crónica de la noche que lo quebró? Para pelear es necesario creer. Nadie salta a una trinchera y dispara en avanzada si no cree en quien lo dirige, si no tiene solidez moral. Escuchar a un general hablar de capitulación es dejar de confiar en quien dirige los hilos de la vida propia.

La cuestión es que el hombre no dijo nada. Siguió peleando. Era otra guerra otras comunicaciones, otra prensa. ¿Se puede ganar cuando una parte de la dirección piensa en capitular, ya tiene pactos por debajo de la mesa? Por más heroicas que sean las tropas, las comunas, las milicias, los colectivos, los centros locales de abastecimiento y producción.

Ninguna guerra es igual a la anterior.
Y esta es una revolución enfrentada a una contrarrevolución.

El soldado escuchó a un general. ¿Era la excepción o era representativo de la comandancia? No lo dice el libro. Perdió -si todavía tenía- toda inocencia. Peleó hasta el final, lo mejor que pudo.

***
Nos matan. No es una metáfora. El viernes fueron tres personas: el conductor del camión que quisieron robar, el carnicero portugués del barrio, y un Guardia Nacional. Un Policía resultó herido de bala. Sucedió en La Vega. El ataque duró unas horas, las imágenes, como de costumbre no mostraron mucho.

-Salí de mi casa y vi a un chamo con una molotov, es uno de los malandros del barrio, me dijo una compañera.

Pudo irse para el centro en camioneta, luego los accesos fueron cerrados. No fue un saqueo popular sino un intento organizado de robo a camión: la táctica actual. Luego derivó en agresiones a la policía, quema de cauchos, las imágenes que necesita la derecha. Conversando se consiguen muchas veces las informaciones en estas batalles de redes sociales y disparos. Cada día en la tendencia de twitter aparece un nuevo lugar, donde, según fotografías nunca claras y videos de 20 segundos, se estarían produciendo saqueos, muertes y enfrentamientos.

Hoy por ejemplo es #Guatire: una niña de cuatro años fue asesinada, ocho personas heridas. Sucedió cuando unos hombres en moto dispararon en la cola del Mercal. Casualidad. Todos acusan al Gobierno, al chavismo, a Maduro.

Ya circula la información de cómo se organizan los actos que buscan ser mostrados como saqueos espontáneos por el hambre. El nombre operativo es el de Comandos Tácticos de Saqueo, y la acción cuenta de varios elementos:

* En primer lugar una complicidad con quienes distribuyen los alimentos: dan la información sobre el horario de llegada de los camiones, lo que permite crear el rumor y la expectativa en tensión.
* El grupo armado, está comprendido entre 2 y 3 personas que cargan armas de fuego y someten a quien deba ser sometido -o lo matan, como al conductor en La Vega, que no quiso entregar el camión. Este grupo cobra entre 25 y 30 mil bolívares.
* Los rompedores: son entre dos y cuatro hombres que tienen como tarea romper el cerco y llamar al saqueo. Son los segundos en entrar al lugar. Cobran 10 mil.
* Los llamados azuzadores: cuatro o más personas, generalmente mujeres, que inician el saqueo. Cobran 6 mil bolívares.
* Los documentadores, que son quienes filman y fotografían los hechos para enviar los materiales a quienes manejan las redes sociales. Se desconoce la tarida.
* Por fin los organizadores: son quienes reclutan a las personas. Son por lo general cuadros bajos del partido Voluntad Popular, el partido de Leopoldo López -el héroe que defiende Macri. También se ha señalado el trabajo de un dirigente de Primero Justicia -el partido de Capriles Radonsky, recibido el lunes por Macri en la Casa Rosada.

Los datos se consiguieron a través de personas que fueron arrestadas. Es parte de la guerra que despliegan sobre el territorio. Ya no como en épocas de guarimbas donde la acción se concentraba en las zonas de clase alta -por la naturaleza de la base social de la oposición- sino que ahora llevan el fuego a los barrios populares con células paramilitares y mercenarias. Siempre a objetivos estatales, nunca grandes supermercados privados.

La derecha quiere saqueos. Para eso mata.
Existen bases materiales para que sucedan. Políticas todavía no -creo.

Por grande que sea la necesidad, la presión diaria, la injusticia en cada cola, la corrupción en evidente -bachaqueros, bodegueros, policías- lo cierto es que por fuera del chavismo solo existe el abismo. Ni Capriles, ni Ramos Allup, ni Corina Machado, ni Tintori, ni Borges, logran presentarse como una opción posible. Son demasiado el odio, la mentira y la violencia descargados durante 16 años. Demasiados oligarcas todos. Demasiado lo acumulado por el chavismo. Esa son nuestras fortalezas. Nuestras reservas que disminuyen día a día.

@Marco_Teruggi

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