Controlar el territorio para resistir la guerra

Julián Mellado 3

Se ha dicho, y es bueno repetirlo: la dimensión del ataque de la derecha es proporcional a la profundidad de la revolución. En ningún otro país del continente se ha desplegado -en este siglo XXI- una guerra no convencional para terminar con un proceso político. ¿Por deseo de los Estados Unidos y la oposición venezolana? Esa es la única manera que encontraron para erosionar, desprender porciones del acumulado en los 16 años de chavismo.

La profundidad se puede medir por los logros sociales alcanzados, la permanencia en el Gobierno, y también y sobre todo por la dimensión del chavismo entre los más humildes. Ahí está la verdad del movimiento que más le duele al imperio y las clases dominantes. Los pobres se hicieron irreverentes, políticos, conscientes de su lugar en la historia, de lo que está por-venir. Todos no, es una evidencia también. No podría ser de otra manera. Pero suficientes para poder decir que la identidad política de las clases populares en Venezuela es chavista -más allá incluso de los debates sobre el respaldo o no a la gestión actual.

¿Cómo explicar sino tres años de resistencia a la guerra híbrida? ¿Cómo comprender que, a pesar de los llamados a saqueo permanentes, la batalla por la comida, los medicamentos, productos de higiene, los asesinatos selectivos de cuadros chavistas, las presiones psíquicas, todavía se esté en pie? Golpeados, pero en pie.

Muchas de las explicaciones están los territorios, escenarios principales de la guerra. Son los pilares del chavismo, la clave que el mismo Chávez encontró para construir el socialismo. Existe ahí un tejido de organización popular, diverso, heterogéneo, extendido a lo largo y ancho del país, con su mayor concentración en la experiencia comunal.

Los números arrojan la cantidad de 1554 registradas a nivel nacional. Muchas veces son invisibles, pero están: en Petare por ejemplo existe 28 comunas. En Apure 114. En Carabobo 42. Importan las cantidades, importa también y sobre todo el trabajo que realizan en el territorio: ¿Qué hace una comuna en este 2016? ¿Cómo resiste a la presión diaria por la comida, cómo defiende lo suyo?

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-Tenemos control político sobre el territorio.

Eso es lo primero, lo que dice Milagros Berasteguí, vocera de la Comuna Julián Mellado, en las afueras de Valencia. Control significa saber quién es quién en ese barrio de casas humildes y calles de tierra. Tener claridad acerca de donde viven los bachaqueros -que son tres en su zona- por ejemplo, para no venderles en la jornada del Comité Local de Abastecimiento y Producción (Clap) y romper con la impunidad de la reventa que golpea sobre la moral.

Ya se hicieron varias jornadas en el barrio. Deberían tener lugar cada 21 días, aunque cuesta que así sea, y, dicen todos, se trata de un paliativo. Una bolsa de Clap -diferente en su contenido cada vez- no es suficiente para que una familia se sostenga tres semanas. Sin embargo, como mecanismo de respuesta parcial y posibilidad de organización popular, los Clap son necesarios.

-Lo importante es que los controle el pueblo, dice. Es decir, la comunidad.

Es cierto, la presión mayor viene por el lado del alimento -lo único que la gente busca es la comida, dice- por eso la comuna debe ensayar respuestas. Pero no solamente de distribución sino también de producción. Y en la Julián Mellado, que tiene parte de su territorio en zonas semi-urbanas, la apuesta es a que los vecinos produzcan: cada uno en el pedazo de tierra que tenga.

Al recorrer el barrio y entrar en las casas se ve cómo en cada una se siembra: yuca, aguacate, tomate, cambur, guanábana, cebollín, mandarina, maíz, ñame, quinchoncho. Todos tienen su huerto para poder aguantar. Es reciente para muchos -ahorita la gente está viendo que es necesario sembrar, dice Milagros. Con esas cosechas, los Clap y lo que se consigue en largas colas, se logra resistir.

-La cosa está fuerte, pero hambre como tal no hay, dice.

Con respuestas al problema de la comida la comuna logra construir una correlación de fuerzas favorable en el territorio. Pero, como dice la vocera comunal: no todo es la alimentación. También es necesario avanzar, entre otras cosas, en política y formación, producciones alternativas, y construcción de viviendas.

Para lo primero existen periódicamente las Asambleas Bolivarianas, donde los comuneros y militantes de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, debaten acerca de la coyuntura, las formas de la ofensiva del enemigo, qué se puede hacer. Es imprescindible formarse para que las necesidades no se lo traguen todo.

Acerca de lo segundo, han puesto en marcha talleres de elaboración de jabón artesanal, de maíz pilado para las arepas, jornadas de arborización. Uno inventa y los inventos son sabrosos, dice.

En cuanto a las viviendas el trabajo ha sido sostenido desde el año 2011: en total han construido 332. Actualmente 150 está en proceso de construcción. Así en ese terreno que era monte hace el año 2009, los ranchos de zinc desaparecen, y en su lugar se encuentran casas construidas por los vecinos, enteras, sin miedo a las épocas de lluvia.

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Por ese despliegue se resiste en el territorio. Es parte del acumulado de la época anterior, de la invención ante esta etapa de resistencia. En ese escenario, y no podría ser de otra manera, también existen muchos vecinos descontentos, quienes creen que la culpa de todo la tiene Nicolás Maduro, y los ni/ni -ni con el Gobierno ni con la oposición:

-Con ellos se trabaja mucho, les mostramos que si se trabaja en equipo se puede, dice.

Sin eso no se podría hacer frente a la guerra que cada vez toma nuevas formas, siempre desde la cobardía del anonimato y la violencia. Tres semanas atrás tuvo lugar por ejemplo un intento de saqueo a un supermercado en Valencia que terminó con tres muertos. No fue espontaneo, dice, había grupos organizados para generar el hecho. Al igual que los robos a camiones en la carretera: se trataba de grupos de 20 personas -puros vagos y malandros, dice- que a la hora en que se iba la luz, lanzaban cauchos para frenar las gandolas.

Todos esos son elementos del ataque permanente que llega desde dentro del territorio -con células paramilitares- desde fuera -con saqueos inducidos- desde el día a día donde conseguir los productos básicos de la vida se ha transformado en un campo de batalla.

¿Qué otro pueblo podría hacer frente a tres años de esta situación?

La Comuna Julián Mellado es una de las muchas que existen en el territorio. Milagros es una evidencia del proceso de politización radical del chavismo. Como ella existen miles y miles por todo el país. Hay que subir cerros, meterse campo adentro, conversar, para dimensionar la magnitud y la profundidad. Es la desesperación de la oposición, que se torna cada vez más violenta -los paramilitares están en los territorios porque los dirigentes de la derecha no tienen aceptación allí. Es la fuerza del chavismo, la que permite sostener el acumulado de 16 años, enfrentar la batalla diaria, creer.

-Todavía tenemos esperanzas de que la revolución no va a caer, dice.

Marco Teruggi

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