Antes del nuevo asalto

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Existe una imagen idílica en la cabeza de los opositores: la de ir el próximo jueves movilizados al Palacio de Miraflores, pasar por encima de la policía, los miles de chavistas reunidos, y entregarle la notificación de juicio político a Nicolás Maduro que, obediente ante la presión, llamaría a nuevas elecciones. Parece mentira: no lo es.

Eso piensa la base social de la derecha, atravesada por una subjetividad enceguecedora. Odian y quieren sangre ya, sacar a Maburro como le dicen, terminar con las hordas chavistas que son una pesadilla desde 1999. Dieciocho años de masticar rencor es demasiado tiempo. Ya no pueden esperar.

La dirigencia quiere lo mismo, pero tiene conciencia que la política es más que un asunto de deseo. Se necesita correlación de fuerzas, actores que encarnen las medidas, condiciones internacionales, y un equilibrio de etcéteras imprescindibles. Que pensaron tener al anunciar el intento de Golpe de Estado el domingo 23 de octubre y que, a todas luces, no tienen.

El último ejemplo fue el llamado al paro del viernes pasado que resultó un fracaso. Las razones son simples: su base social no tiene capacidad de frenar un país. Es de clases altas y medias, no de trabajadores, campesinos y obreros. El otro motivo es que su aliado natural, la burguesía, no se ha sumado todavía activamente a la insurrección improvisada. Sin pueblo frenando los engranajes de la economía y sin empresariado alzado, ¿cómo pensaban detener el país?

El resultado hasta la fecha es que, luego de ocho días de la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional que se propuso destituir a tres poderes del Estado, incluido el presidente, no parece clara cuál es la estrategia de la dirigencia opositora para llevar adelante el plan. Siguen sin Fuerza Armada Nacional Bolivariana, sin burguesía movilizada, sin barriadas en sus filas, y -jugada de Nicolás Maduro- con un diálogo mediado por el Vaticano que los carcome por dentro y los desacredita ante su propia base social.

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Varias hipótesis están abiertas en estos momentos:

1- Están administrando una mentira: nunca tuvieron la fuerza para llevar adelante el plan, se trató de un mecanismo de presión para una negociación a puro golpe con el gobierno -quedaría ver cuáles serían los puntos buscados. Si bien existe un sector que pensó que podía dar el zarpazo, la Mesa de la Unidad Democrática está conducida por quienes buscan acuerdos que los dejen en mejores posiciones. Que deben mostrarse insurreccionales ante su base para poder movilizarla, pero que no piensan buscar la confrontación abierta. ¿Qué hacer después con lo prometido? No parecen saberlo.

2- Van a movilizar al Palacio de Miraflores el día jueves, encabezado por las caras para las fotografías -estudiantes, dirigentes etc.- con el accionar de grupos violentos, armados para el choque. Un esquema como el de febrero del 2014 que dio inicio al ciclo de guarimbas que terminó con 43 muertos.

3- Estamos frente a una dirigencia improvisada y fracturada a lo interno. Sí, que improvisa un Golpe de Estado. No sería nuevo en una clase política que ha demostrado una profunda incapacidad a lo largo de los dieciocho años de chavismo. Que ganó la Asamblea Nacional por haber sometido al pueblo a un desabastecimiento criminal y no por ofrecer propuestas y liderazgos. Tal vez no sepan qué hacer.

4- Tienen un as debajo de la manga y van a sacarlo en el momento inesperado. Permitiría un desbalance de fuerzas capaz de dar la estocada final, o, por lo menos, avanzar en lo planteado.

Todos los elementos están en movimiento. El lunes llegó a Caracas el subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos Políticos, Thomas Shannon, quien se reunió con Nicolás Maduro y tendrá un encuentro con la oposición. Afirma apoyar el diálogo. Se sabe, como decía Ernesto Guevara, que no se debe confiar ni un tantico. En particular en este momento complejo electoral que atraviesa el imperio. Por otro lado, el martes es el día en el cual la Asamblea Nacional convocó al presidente a comparecer para iniciar el juicio político, una figura que no está contemplada en la Constitución.

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El chavismo por su lado sigue en el plan de movilización permanente. Este martes tiene lugar la quinta movilización en una semana en Caracas. Las filas están unidas: es tiempo de defensa del proyecto histórico al que convocó el presidente Hugo Chávez. Quienes en estos días salen de la unidad -un número insignificante- quedarán fuera, desbarrancados.

Es todavía temprano saber cómo seguirá. La derecha tiene poco tiempo por delante si quiere avanzar con su plan golpista. El año próximo ya comenzará el proceso electoral: primarias en febrero, regionales a fines del primer semestre, municipales a finales de año, y presidenciales en el 2018. Es insostenible decir que existe una dictadura en Venezuela.

Lo cierto es que en las calles de Caracas se respira una fuerza colectiva, aparecen remeras de Chávez en las esquinas, un nosotros entretejido que sabe que es necesario ocupar el espacio público, que la política desde que comenzó la revolución tiene un lugar primordial en las calles. Ese es el ring principal. Y ahí manda el pueblo.

@Marco_Teruggi
Foto: Vicent Chanza
Publicado en Notas.org.ar

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