San Félix: el fuego que intentan y no logran

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Los hechos ocurridos en San Félix fueron espontáneos, eso sostuvo y seguirá sosteniendo la derecha en sus variopintas voces nacionales e internacionales. Producto del aumento sostenido de precios, de la escasez de ciertos productos, de las largas colas, de la acumulación de tensiones calladas, etc. Que la coincidencia de tres elementos —aumento de precio de pasajes, comida y rabia— generó el punto de química desencadenante del saqueo.

Al igual, por ejemplo, que el saqueo sucedido a fines de febrero de 2014 en El Limón, localidad cercana a Maracay. Y que, seguramente por coincidencia, tuvo lugar luego de una victoria electoral del chavismo como la de diciembre de 2013. Como ahora, luego de las primarias del PSUV del 28 de junio que —en términos políticos— fueron una victoria, una muestra de poder, de certeza arraigada en el pueblo.

No es posible creer ni en la casualidad del vínculo con las elecciones —pasadas y por venir— ni en la tesis de la espontaneidad, tanto por motivos históricos y por la realidad actual. Desde lo histórico, porque rara o casi ninguna vez en la historia de nuestros pueblos latinoamericanos, los saqueos —una herramienta regularmente puesta en acción— han sido obra de una química nacida desde sí misma, aquélla que diera lugar por sí misma al encuentro del monte seco, la chispa, el viento, la llama y, finalmente, el fuego.

Tomemos, por ejemplo, el caso de Argentina en el año 2001, y en particular el mes de diciembre, cuando era mayor la crisis económica, institucional, de representación política: allí resulta imposible hablar de la espontaneidad de los saqueos. De elementos espontáneos sí, pero inmersos en redes de acción que involucraban a partidos, fuerzas represivas, actores institucionales, liberando territorios, protegiendo otros, etc.

Y los saqueos no fueron la rebelión del 19 y 20 de diciembre —el epicentro, punto de ruptura—, aquélla que hizo huir al Presidente en helicóptero. No, los saqueos previos y posterioresa esos dos días mostraron tener su orden propio, más organizados de lo que podría parecer a primera vista: una herramienta con posibilidad de ser, en parte, manejada, orientada.

Pero en ese caso se trataba de una crisis orgánica —institucional, de representación, política, económica—, como la que dio nacimiento a El Caracazo, y en ese contexto ocurrieron,entre tantas cosas, los saqueos.

Un escenario absolutamente diferente al actual, donde el epicentro del debate es el intento golpista en curso a través de una guerra que se ha movido en su propia negación, en susintentos de provocar un caos finamente orquestado y presentado como espontáneo. Qué mejor que intentos de saqueos para eso, que intentos por construir un puente falso entre laactualidad y los días de 1989: recurrir a los recuerdos y a las vivencias del pueblo —es decir, entre otras cosas, a sus 3000 asesinadxs—.

No se puede hablar de crisis, aunque sí de descontentos/malestares populares productos de la acción sostenida y agudizada de la guerra económica, las molestias por respuestasconsideradas lentas del Gobierno, por el bachaqueo y el contrabando fronterizo a plena luz. Se puede pensar que, efectivamente, la situación ha logrado crear algunas variables parapropiciar acciones de protesta.

¿No es acaso todo el dispositivo del escenario económico impuesto, que lleva más de dos años, un intento de lograr eso? ¿No es una apuesta nodal por parte de la derecha nacional e internacional ver al pueblo venezolano saqueando, dentro del proceso chavista, contra el mismo Gobierno?

Pero ese escenario no ha tenido lugar. Y San Félix no ha sido el caso: por las dimensiones del espacio del conflicto —un establecimiento comercial una mañana, en un solo punto delpaís—, las cadenas por redes incentivando el hecho y difundiéndolo en cadenas preparadas, la acción descrita de operadores organizados iniciando la violencia. Nada de lo sucedido fue espontáneo, sino calculado, como golpes anteriores y otros que, seguramente, intentarán.

¿Puede ser el punto de inicio de una ola de saqueos, de violencia? Sí, en la medida en que logren hacerlo con inteligencia paramilitar, organizada, mediática, en el marco de esta guerra ylas próximas elecciones de diciembre. Pero no porque existan condiciones en los sectores populares para iniciar un ciclo de protestas contra el Gobierno. Pensarlo sería negar el 28 de junio, o, como ha venido haciendo históricamente la derecha, desconocer los tiempos y pasiones alegres —casi nunca tristes— del pueblo venezolano.

***

La agenda impuesta sin tregua por la derecha no debería hacer perder de vista la de la Revolución, la de su proyecto histórico de sociedad. Y, aunque no se trate de compartimentosestancos, resulta importante detener la mirada —para luego unir las partes— en aquello que crece y busca fortalecerse como lo dejó indicado el Plan de la Patria y el Golpe de Timón.Allí está lo nuestro.

Como en el proceso de construcción comunal, a veces invisible pero constante, porque mientras en San Félix la derecha intentaba crear violencia, las Comunas celebraban la graduación de 235 comunerxs de la Escuela Venezolana de Planificación.

Y fue en ese espacio donde el presidente Nicolás Maduro se refirió a los hechos acontecidos durante el día, a la necesidad de justicia, de que “el Poder Popular vaya liberando cada territorio, conjuntamente con la Organización para la Liberación del Pueblo”.

Ese Poder Popular que impulsó, como política del Consejo Presidencial de Gobierno Popular de las Comunas, el proceso de formación en la Escuela para profundizar la construcción y expansión de los planes de desarrollo comunal, para desplegar la potencia comunal en cada territorio.

“Debemos tener un solo concepto de poder, un solo ejercicio del poder, y para eso están los Consejos Presidenciales de Gobierno Popular que hemos creado […]. Deben tener como norte el Plan de la Patria y ejercer el poder para gobernar el país”, afirmó el Presidente frente a comunerxs de diversos puntos del país, protagonistas de algunas de las 1209 Comunas que ya se encuentran registradas.

Allí se encuentra en parte el tiempo profundo del socialismo, el del intento del Estado comunal, aquél que intenta borrar la derecha con los ataques mediáticos, especulativos, violentos.Tapar de silencio esa realidad que pugna por empoderarse, por poner en pie una nueva economía “profundamente productiva y socialista”, como invitó a crearla el Presidente, que pueda hacer frente a la guerra, ser poder real sobre los territorios para transformarlos en paz organizada, colectiva, defendida.

San Félix fue y seguramente volverá a suceder —con otras formas, actores, lugares—, como parte de la guerra que se mueve entre silencio, llamas y negación de su propia existencia.Pero que no logra el fuego, entrar a las casas de un pueblo que la resiste, y no desde la pasividad, sino, por ejemplo, poniendo en pie más y más Comunas, decidiendo sobre su propia planificación, sobre cómo ejercer el oficio de la libertad colectiva.

@Marco_Teruggi

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