Cross chavista: se instaló la Asamblea Nacional Constituyente

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El conflicto tenía un punto de acumulación y definición: el 30 de julio. Para dibujarlo, era como si dos carros fueran de frente uno hacia el otro, ninguno diera el volantazo previo, y el choque se diera. La posibilidad de que se evitara era la negociación que se mantuvo hasta últimas horas y no se dio. El resultado numérico y político fue a favor del chavismo, y con el paso de los días las consecuencias comienzan a aparecer.

Una de ellas es que la oposición evidenció su fractura y tomó la iniciativa el sector que -al parecer- acompañaba el conflicto sin conducirlo. La muestra de eso fue que Acción Democrática, uno de los partidos principales de la derecha, anunció que participará de las elecciones a gobernadores. Las declaraciones de su dirigente fueron elocuentes: la opción es inscribirse a los comicios o ir hacia “un supuesto Golpe de Estado y una matanza”, en referencia a lo que sostienen las fuerzas de oposición contrarias a presentarse a los comicios.

Porque de no dirimirse a través de las urnas, la derecha seguiría por el camino del gobierno paralelo y el despliegue del brazo paramilitar -es decir el “Golpe de Estado y la matanza”-. Eso es lo que todavía plantean fuerzas como Voluntad Popular, partido que ha desarrollado y conducido las escaladas de violencia. Su problema es no haber construido la correlación de fuerzas necesaria en más de cien días de conflicto: el esbozo de gobierno paralelo, con el nombramiento de nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, no tuvo peso alguno dentro del país; y la capacidad de despliegue de violencia fue alta pero insuficiente.

Y por sobre todas las cosas, como se había analizado, no consiguieron dos factores imprescindibles: el apoyo de los sectores populares a su llamado político, y el quiebre de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

La derecha se encontró entonces ante la evidencia de la imposibilidad de seguir el camino de la escalada hacia el Golpe de Estado y la posibilidad de perder aún más al no inscribirse para las próximas elecciones. Sin la correlación necesaria en Venezuela y con una base social que mostró una marcada desmovilización desde el miércoles 26, un sector decidió entonces salir al cruce de las ambiciones insurreccionales. Significa que el bloque mostró una fractura y que, salvo un nuevo vuelco de escenario, el conflicto debería encauzarse -con permanencia de violencia política- hacia una resolución a través de los votos en las sucesivas elecciones que vendrán: gobernadores, alcaldes y presidente.

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Por su parte el frente internacional, del cual depende la oposición, dio señales contradictorias. Los Estados Unidos, que comenzaron la semana con sanciones al mismo presidente Nicolás Maduro al que acusaron oficialmente de “dictador” y amenazaron nuevamente con sanciones a la economía, indicaron luego que no reconocerían un gobierno paralelo en el país. Eso significó una señal fuerte hacia los sectores todavía negados a las elecciones a gobernadores.

Algunos posibles aliados de peso para la escalada internacional, como Francia, indicaron por su parte el desacuerdo con una política de sanciones por parte de la Unión Europea contra Venezuela. En cuanto al Vaticano, expresó su pedido de que no tenga lugar la Asamblea Nacional Constituyente.

No sucedió entonces la unidad y frontalidad esperada por la derecha venezolana. Podrían existir varias explicaciones: una parte de la comunidad internacional comprobó, luego de las elecciones, que la derecha había vendido una realidad inexistente -“un gobierno sin ningún apoyo popular a punto de caer”-, y que una política de agresión directa podría tener costos altos. Y Venezuela tiene aliados de peso como Rusia.

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El chavismo por su parte avanzó. El paso principal fue la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente el día viernes. La derecha había anunciado que no permitiría que sucediera y sucedió, y había llamado a una gran movilización que resultó nuevamente una demostración de la desmovilización creciente. La jornada fue de alegría en Caracas -una alegría que había quedado bajo llamas-, que comenzó a regresar a la normalidad luego de días de batallas callejeras en las zonas opositoras.

Otro avance tuvo lugar en la subjetividad. El chavismo volvió a salir con fuerza luego de semanas de resistencia, de disciplina política, de verse atacado en las calles, los territorios, las redes. La sensación de victoria fue notoria, opuesta a la de derrota y frustración de la derecha, descreída de su dirigencia -el partido Acción Democrática fue automáticamente acusado de traición al anunciar la participación en las próximas elecciones-.

Pero la sensación no es toda la realidad. Existen varios elementos preocupantes. En primer lugar, que el brazo paramilitar de la derecha, que actuó con fuerza el día de las elecciones, continúa desplegado y con acciones en zonas de frontera, en particular en el estado Táchira: chavistas amenazados, casas marcadas y baleadas, control de territorios. ¿Qué pasará con esa fuerza en un reacomodo de la táctica de la oposición? ¿Cómo evitar que se consolide la cultura de control social del paramilitarismo? La derecha financió y desató formas de la guerra que deben ser desterradas cuanto antes.

En segundo lugar, el frente económico se agravó en la semana: el dólar paralelo fue aumentado hasta casi duplicarse, con el correlato sobre el aumento de los precios. No es casualidad: la estrategia de la guerra es no dejar ningún punto de respiro, no cesar nunca en la descarga de golpes. Alternar, superponer, que nunca exista descanso para la población.

¿Victoria entonces? De una batalla clave. Se trata de un reacomodo de posiciones dentro del empate, con ventaja política del lado chavista. Y desafíos urgentes. El económico es uno de ellos, el más evidente, tanto por el tiempo que lleva la crisis, como por la dificultad del chavismo en construir respuestas para estabilizar la economía. Este punto es neurálgico: en las formas de abordar los problemas se juegan las tensiones internas, la lucha de clases presente al interior del movimiento, en particular de la dirección. La falta de contundencia para pelear peleando ha sido la evidencia más preocupante de cómo algunos sectores piensan en la (no)resolución del problema.

Esto se anuda con otro desafío: el del debate sobre la revolución, que se dará en la Asamblea Nacional Constituyente. Al interior del hemiciclo estará expresada la diversidad del chavismo, la correlación de fuerzas internas que, por las primeras señales, parece más proclive a reproducir lo existente que a profundizar en el intento del socialismo. Allí habrá debates, tensiones, un ejercicio de democracia novedosa, un proceso que mostrará los límites y posibilidades de la revolución venezolana.

@Marco_Teruggi

Publicado en notasperiodismopopular.com.ar

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